Los videojuegos te pudren el cerebro

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En una mañana calentita de Verano (no digo fría porque es absurdo, vivo en Andalucía), me encontraba disfrutando de un helado Frigo Pie en un parque lleno de perretes y niños. En ese momento de placer heladero, alcé mi vista a la derecha y encontré un periódico estratégicamente posicionado para, indirectamente, invitarme a cogerlo y comenzar a leer.

Finalmente, tras una breve pausa que perfectamente pudo rondar los 5 minutos (ya que a mi debate interno se unió la posibilidad de limpiarme la boca de helado con dicho periódico), me decanté por sumergirme en la lectura. Y aquí es donde comienza mi motivación personal para escribiros este artículo.

El caso es que descubrí una columna de esas a las que nadie hace caso pero que, eso sí, tenía mejor léxico que una gran mayoría de la plantilla de Telecinco en lo que a videojuegos se refiere. Ya sabéis de qué os hablo: tópicos y estereotipos por un tubo (de Super Mario Bros, claro).

Podría ser crítica: deciros por qué era denigrante y despectivo, por qué era absurdo y algo caótico o por qué, al terminar de leerlo, decidí limpiar las deposiciones de mi perro con él; pero, en lugar de eso, voy a resumiros en una sola línea el mensaje real (real de realidad, no del Rey; que quizás él también lo haya dicho o pensado, pero no me meto en lo que cada uno dice en su casa) con el que el Señor X en cuestión nos intentó convencer de un por qué… Y aquí va el resumen:

Los videojuegos te pudren el cerebro

Fin de la historia. Con esa frase, que a modo de titular acontece a estas palabras, podríamos sintetizar el artículo por completo. Se acabó lo que se daba. No habíamos encontrado a otro Voltaire, pero… ¡ahí lo tenéis! Se puede decir más claro, y también más alto; pero solo si lo cantaba Antonio Molina.

Palabra tras palabra, tópico tras tópico, idea preconcebida tras idea preconcebida… Y, eso sí, una falta de conocimiento, lógica y sentido aplastantes; pero que, entre todos, me hicieron reflexionar y brindaros estos pensamientos internos que me gustaría comenzar a exponeros con una pregunta: ¿Por qué cuando alguien no sigue los patrones considerados “normales” por la sociedad; es malo, rarito o tiene algún un problema?

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Está bien que la abuela fume y que el abuelo se tome el anís por la mañana, pero… ¿Por qué nos ponemos las manos a la cabeza cuando el vicio es frente a una pantalla? ¿Por qué cuando alguien se pasa la noche de fiesta bebiendo con sus amigos y vuelve a casa a las 5 de la madrugada es “normal” pero si, en vez de pasarlo en la calle, lo pasa en su habitación jugando online se convierte en un problema?

Os invito a imaginarnos, por un momento, a las madres de esos chicos y chicas. Pensad que en vez de ser unos viciadillos del señor como yo, os da por pasar de Super Mario y os vais a darle al Larios (oye, ¡qué buen pareado!). Bueno, volvamos al tema, imaginemos, pues, una conversación típica entre la mamá imaginaria y, digamos, su mejor amiga (otra mamá imaginaria).

  • Mamá A: ¿Y tu niño, qué tal?
  • Mamá B: Muy bien, me ha suspendido alguna… ¡pero es norma!l Anoche lo dejé salir y llegó tardísimo, pero qué se la va a hacer… es la edad.

 

El niño es un chico normal porque sale de noche hasta la madrugada y se bebe hasta el agua de los floreros. Es pasable porque, aceptémoslo, lo suyo es salir de noche y no saber ni donde sale el Sol. ¿Reconocéis esta situación? Es más que probable la hayáis vivido y/o escuchado. Ahora, imaginemos una conversación (basada en hechos reales) entre madres pero con el caso contrario: un hijo jugón.

  • Mamá A: ¿Y tu niño? ¿Qué tal?
  • Mamá B: ¡Ay, Mamá A! No sé qué hacer con él.
  • Mamá A: ¿Y eso?
  • Mamá B: Que se pasa toda la noche en el ordenador. ¡A ver si le van a hacer “búlin” de ese! Con lo chico que es y todo el día con la maquinita liado… ¡Y venga con la maquinita! Ya no sé que hacer con él.
  • ¿Mamá A?: ¿Y el cole?
  • Mamá B: El cole bien. En Septiembre entra limpio, pero me tiene la cabeza loca. No sale por las noches ni nada, se queda encerrado con su maquinita… ¡Ay, por Dios, por Dios!

 

¿Entendéis lo que quiero decir? Se me ocurre otra forma de explicarlo: Imaginad a Manolito, un lápiz como todos los demás. El problema es que, en vez de sacarle punta con un sacapuntas de mano, uso una cuchilla; en lugar de borrar con otra goma, borro con la suya propia; y, en vez de dejarlo a la interperie del escritorio, lo meto en un estuchito todas las noches.

Por culpa de eso, los otros lápices ahora miran raro a Manolito. No les importa compartir escritorio con él, pero se sienten incómodos y están preocupados por él porque no pasa las noches como ellos. No ven normal a Manolito.

LosVideojuegosTePudrenElCerebro 00 - Los videojuegos te pudren el cerebroViñeta de Jago. Fuente: JagoDibuja.com

¿Sabéis lo que no es normal? Que haya personas con un supuesto grado en Periodismo que difunden ideas preconcebidas y tópicos provenientes de la más antigua y profunda ignorancia de una sociedad que no ha entendido los videojuegos, pese a que cada día se les va otorgando un poquito más del reconocimiento que se merecen.

Lo que no es normal, amigos míos, es que todavía se menosprecie una de las herramientas que día tras día ayuda a millones de niños (y también adultos) alrededor del mundo para aprender en escuelas, aportando nuevas formas de enseñar, mejorando la memoria, la concentración… Y en hospitales, donde ayudan a enfermos de todas las edades a mejorar su estado de ánimo y recuperarse de lesiones y enfermedades.

No es normal que sea demonizada una herramienta que, frente a una pantalla, reúne a amigos y familiares que ni tan siquiera tienen por qué estar en esa misma habitación; ya que el juego online nos pone en contacto con nuestros amigos sin importar donde se encuentren.

Nos han enseñado valores, nos han emocionado, nos han hecho soñar y nos han puesto en el papel protagonista de historias con las que muchos directores de cine hubieran deseado realizar más de una película. ¿Qué os voy a contar de la forma de entretenimiento más interactiva y perfecta de todos los tiempos?

¡Son tantos los beneficios y tanta la mala prensa…! Por esto, y mucho más, hago un llamamiento a todas las madres y padres preocupados: Señoras y señores, si su hijo se pasa las noches jugando, que sepan que no tienen ningún problema; para ellos es hacer algo divertido, en el mejor lugar del mundo y teniendo siempre cerca a quienes más les importan.

¡Un saludo y hasta la próxima!

Pilar Jaime
Viciada de nacimiento, jugadora por naturaleza y artista de la bechamel. Amante de las natillas de vainilla y de perder el tiempo en su propio canal de YouTube.